La dama de hierro de parís

Por: Tina Páez

París es más que la capital de Francia, es la  cuna  de grandes acontecimientos como la Revolución Francesa , la Ilustración, el Mayo Francés; la ciudad del amor, la ciudad de  las luces,  de la moda, del arte, de la gastronomía, de la música, de la ciencia y la literatura; lo que la convierte en una de las más visitadas en el mundo, y al hablar de esta emblemática ciudad, no se puede dejar de mencionar su mayor ícono arquitectónico como lo es la famosa Torre Eiffel , llamada también la dama de hierro (la dame de fer) que fascina a todos los parisinos y turistas  que la visitan.

La Torre Eiffel se encuentra ubicada en los Campos de Marte, a orillas del río Sena , siendo la estructura más alta de la ciudad , ya que posee una altura de 324 metros (incluyendo la antena) es uno de los  monumentos más fotografiados y visitados en el mundo; inspiración para poetas, pintores, cineastas y todo aquel que quede hipnotizado bajo su romántico encanto; puedes subirla a través de un ascensor o escaleras y admirarla desde casi cualquier ángulo, tomando un rico café , deleitándote con una crepe o degustando un vino sobre alguna embarcación en el Sena, caminar por la famosa plaza de Trocadero o simplemente maravillarte cuando encienden las luces de la torre para iluminar la noche parisina.

Esta gran estructura fue diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel, finalizando su construcción ​​​​​el 6 de mayo de 1889 cuando se abrieron sus puertas por primera vez al público,  en el marco de la Feria Mundial de la Exposición Universal y para  conmemorar el centenario de la Revolución Francesa. Originalmente estaba pensada para ser destruida veinte años después de la Exposición Universal sin embargo, en 1900 la Armada Francesa añadió una antena de radio en su punto más alto que le permitió salvarse de la destrucción, ya que la torre comenzó a ser utilizada como estación repetidora para telegrafía y radio. En 1921 se emitió desde allí el primer programa radiofónico de Francia; incluso sobrevivió  a la invasión nazi en los años 40; es por ello que aún 129 años después, la dama de hierro parisina sigue siendo objeto de fascinación para quienes la visitan.

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