El tesoro escondido de Teotihuacán

Todos los viajes están llenos de experiencias que de alguna u otra forma alimentan nuestra mente curiosa, llenan el alma y el espíritu, de allí parte de la esencia de los mismos, en especial cuando finalmente cumples el sueño de conocer una estructura tan monumental y mágica como lo es la ciudadela sagrada de Teotihuacán, en México, dónde se encuentran las Pirámides del Sol y de la Luna.

Si vas a Ciudad de México no puedes perder la oportunidad de conocer una de sus grandes joyas históricas e arquitectónicas como lo es Teotihuacán, que en el idioma náhuatl significa “lugar donde los dioses han nacido” o ” Ciudad de dioses”, lo cual refleja la cosmovisión azteca sobre como los dioses eran los creadores de todo lo que les rodeaba.

Esta ciudad de los dioses se encuentra en el valle de Teotihuacán, entre Ciudad de México y Puebla, en pleno corazón del Altiplano mexicano, y fue el lugar donde surgió la primera gran ciudad de América, logrando su mayor esplendor en el período Clásico, entre el año 150 d. C. al 750 d. C. Fue muy influyente en la economía, la política, la arquitectura y el arte de toda Mesoamérica.

Los pobladores de la cultura teotihuacana construyeron basamentos piramidales de gran tamaño; las más importantes fueron las pirámides del Sol y de la Luna, siendo la del Sol la estructura más impresionante, cuya altura sobrepasa los 64 metros. También se encuentra la Calzada de los Muertos y el Palacio de Quetzalcóatl donde se puede encontrar bajorrelieves y pinturas murales.

Sin embargo, los aztecas desaparecieron antes de la llegada de los españoles a México, por lo tanto no hay documentación de los españoles acerca de su cultura. Durante la colonización española, esta ciudadela se mantuvo desapercibida para los españoles, ya que el tiempo y la naturaleza se encargaron de ir cubriendo las pirámides entre plantas y terrenos rocosos, haciéndolas parecer montañas; no fue hasta principios del siglo XX cuando un grupo de arqueólogos descubrieron el secreto que se escondía debajo de esas montañas: las Pirámides del Sol y de la Luna, así como toda la ciudadela.

Además de la importancia histórica y arquitectónica, estas construcciones también giran en torno a ciertas creencias y tradiciones ya que muchos turistas las visitan durante el inicio del equinoccio de primavera y el solsticio de verano para recibir algún tipo de energía cósmica. Quizás estas creencias tengan su origen en el vínculo que ellas poseen con el cosmos, ya que estas construcciones están alineadas con las estrellas y el sistema solar, debido principalmente por los conocimientos avanzados de matemáticas, geometría y astronomía que los aztecas poseían.

No sé cuan cierto sea si este lugar pueda cargarte de alguna energía, lo que sí puedo asegurar es que conocer Teotihuacán me ha llenado de una gran satisfacción y admiración por todo lo que ella significa, es un excitante viaje al glorioso pasado de los aztecas, una experiencia única que ninguna persona puede perderse, que realmente me llenó de muchas emociones, por eso hay que valorarlo, apreciarlo, abrir tu mente y alma para recibir, disfrutar e impregnarte de este impresionante tesoro escondido durante años en pleno corazón de México.

Se dice que si pides un deseo en la cúspide de la Pirámide del Sol seguramente se cumplirá.

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